Se cumplieron 40 años de la inundación del ´80.

Varios partidos de la Provincia sufrieron pérdidas materiales y víctimas fatales. Gran parte de La Dulce estuvo bajo agua.

Reproducimos un fragmento del libro de los cien años de Julio Gerardo Maya Baudraco.

…El verano, sumamente caluroso se prolongó a los meses subsiguientes y aún en el mes de abril las altas temperaturas persistían, se postergó el comienzo de las clases en los colegios y la sequía originaba retraso en las labores agrícolas. La p oblación recibió con alivio la lluvia que comenzó a caer el día 26 de abril, din imaginar que traería consigo problemas mayores. Llovió copiosamente durante tres días, comenzó a saturarse la red de desagüe pluvial, tal vez porque no se hallaba en las mejores condiciones de funcionamiento, volvieron a llenarse de agua barrios tradicionalmente inundables, como los que rodean la plaza, el agua penetró en las viviendas y hubo necesidad de evacuar gente. También hubo vecinos autoevacuados. Una vez más se puso a prueba en forma positiva el espíritu de solidaridad que reina en la población, muchas personas trabajaron voluntariamente durante muchas horas en esas tareas. Pero la situación se agravaba, la caída de agua fue general en toda la Provincia y los ríos comenzaron a desbordarse, el más cercano a nuestro pueblo, el Quequén Grande, corría desbordando hasta el tope de su cauce, para tener una idea de la altura de las aguas, ellas llegaban hasta las barandas de cemento del Puente Blanco, cuya cabecera izquierda se derrumbó el día 29, dejando sin acceso por la ruta 86 a nuestra localidad. El Balneario Parque «José Werndl», que tantas satisfacciones nos diera disfrutando de las bellezas del lugar, fue atravesado por la violenta correntada, que se llevó en su destructor paso, varias filas de plantaciones de pinos y otras plantas que había constado años desarrollar, la cantina se inundó hasta la altura de las ventas y los destrozos y daños en el lugar fueron cuantiosos, ya que también se  desmoronó una parte del edificio donde funcionaban los baños públicos. La prensa gráfica y escrita se ocupó extensamente de la situación vivida, transcribo algunas notas al respecto que atañan a nuestro pueblo: «El drama de La Dulce» publicaba «Ecos Diarios» «La situación que pudieron observar en La Dulce nuestros cronistas de Ecos Diarios, reflejaba de alguna manera el paisaje de una ciudad en vísperas de guerra. Grupos de habitantes en las calles, rostros azorados y temerosos. Niños sin risas ni alegrías, algunas partes de la ciudad cubierta por las aguas, hasta la altura de la ventana. Camionetas y camiones cubiertos de barro recorriendo las calles, yendo y trayendo objetos y personas. Y en todos los lugares de una u otra manera, la presencia ominosa del agua. Nadie podía creer en los efectos trágicos que puede provocar una embestida de la naturaleza aunque admitían que el asombro ya había sido superado por el peso terrible de la realidad. Horacio Rueda, encargado del operativo de la Defensa Civil en La Dulce, nos comentaba que ´la noche de ayer´(por antes de ayer) fue realmente impresionante para todos los habitantes de La Dulce. Se puede decir que nadie durmió en toda la noche. El proceso de crecimiento de las aguas fue tan rápido que apenas pudimos avisar que empezaran a desalojar algunas casas en peligro, cuando ya el agua crecía minuto a minuto. El momento más grave -nos contaba Rueda- se produjo entre las 20.00 y las 22.00, cuando ya la plaza central y la avenida donde está ubicada la Delegación Municipal estaban cubiertas por las aguas. Había gente que no quería entender la necesidad de salir de sus hogares y horas después, una vez rescatados del peligro, se lamentaban de la inconsciencia mantenida. Las familias evacuadas están alojadas en el Club Ideal Progresista y en el Centro Cultural, aunque no pudimos determinar la cantidad de personas alojadas en viviendas particulares -nos confirmó Rueda-.

De cualquier manera las previsiones se incrementaban con el correr de las horas, ya que se esperaba en las últimas horas de ayer, un nuevo aluvión de agua y lodo que podría provocar el cierre total de La Dulce, obligando al completo abandono del poblado. Previendo esa eventualidad, el grupo de colaboradores de la Junta de Defensa Civil, dirigidos por Horacio Rueda, estaban ultimando los detalles de un convoy de camiones y tractores que cumplirían la misión de trasladar a los evacuados hasta la Estancia «Las Lomas» de Defferrari, en caso de agravarse la situación. Los últimos informes obtenidos, permitían arriesgar un pronóstico sombrío ya que el Río Quequén estaba invadiendo la ruta en el Cruce de La Dulce, razón que permitía deducir y posible y total cierre de rutas. De todas las localidades inundadas, esta sería la más afectada, ya que por encontrarse en una zona baja, no se podía esperar una permanencia en el lugar de sus pobladores. Si bien la nota presenta un tono un tanto exagerado, era tal vez lo que se pensaba en esos dramáticos momentos. Otra crónica de Ecos Diarios de la misma fecha (30 de abril), además de informar sobre la caída de varios puentes que cruzaban el Río Quequén agregaba: «Ímproba actividad». «Es también dable de destacar la colaboración con Ecos Diarios por los responsables de los distintos equipos y personas afectadas a las tareas de rescate y ayuda».

En todos lados hubo un apoyo constante, que se tradujo como en el caso de la llegada a La Dulce en el traslado hasta la ciudad a través de un camino cortado por las aguas y hasta la invitación a comer, necesidad siempre presente a pesar de la tragedia. Algunos casos patéticos presenciados por estos cronistas fueron el caso de un grupo de vecinos de La Dulce, que reclamaban un acoplado al que pensaban tapar con una lona y esperar con «sol de noche» la llegada de la oscuridad, esperando lo imprevisible frente a sus hogares.

El relato entre cortado de un joven que había logrado rescatar por el techo de una casa de campo a una señora con su bebé de solo dos meses de edad, que había permanecido arriba del mismo toda la noche esperando angustiosamente ayuda. La totalidad de las instalaciones del Balneario Parque «Jose Werndl» al lado del Puente Blanco, tapadas por las aguas y destrozadas poco a poco por su avance arrollador. La vista de animales muertos llevados por el río en su recorrido y numerosos animales vivos vagando perdidos por distintos lugares de los campos anegados. Se podía vaticinar la pérdida de la mayoría de ellos en pocas horas más. También impresionaban los relatos de los grupos de rescate. que con el agua a la cintura cumplían su abnegada labor de rescatar familias y enseres domésticos, los caminos de tierra, ofrecían en los casos que no estaban cubiertos por las aguas un paisaje parecido al de las ciénagas barrosas. Es de destacar también el temor que se podría observar en animales caseros como perros y gatos que buscaban con insistencia el calor y la protección humana. La iglesia de La Dulce con el agua llegando hasta sus ventanas. Los frentes de las casas cubiertos con bolsas de arena tratando de poner una barrera al paso de las aguas. Las rutas cortadas en pequeños tramos por ocasionales lagunas de agua que se formaban con la acumulación del agua de lluvia y que parecían incrementar el peligroso y siempre presente de un posible corte de rutas. Finalmente el comentario temeroso de la posibilidad de la falta de víveres y socorro para los casos de accidentados o de otras eventualidades imposibles de prever. Y sobre todo la sensación siempre presente en todas las conversaciones de la llegada de la noche y el temor casi instintivamente animal a la oscuridad aumentando por la posibilidad de interrupciones en el suministro de energía. En resumen, una realidad distinta, desquiciada de la normalidad y de lo cotidiano…

… Fragmento de un texto de Alejandro López Pueyrredón, publicado en «La Voz Dinámica» varios años después: «Ya llegó el agua al chalet, se tomas medidas de emergencia -todos al altillo, antes tapar los pozos ciegos con bolsas de arena para evitar que el agua entre por las rejillas de los baños- se termina la arena, usamos tierra y aprovechamos también las bolsas de polvo de ladrillo de la cancha de tenis (que hasta ese día la venía arreglando el Sr. Zunda, contratado especialmente a efectos de «dejarla al pelo» y cambiarle el fleje que había llegado el día antes de Necochea) cortamos la luz. Se insiste nuevamente a ENTEL, ya que estábamos incomunicados desde hacía tres días, pero ahora es imperativo el arreglo, ya que han caído árboles sobre la línea que va a casa. Conseguimos entonces que la Cooperativa La Segunda nos preste una radio transmisora en la banda que operan ellos con la central rural en el pueblo. Se envía a Lay (son las 11 pm) a abrir las tranqueras de los lotes sobre el río o en su defecto cortar los alambrados para dar salida a la hacienda hacia las lomas. Se avisa a la Policía que el río se ha desbordado y que posiblemente haya hacienda en la carretera, viene la policía pero no pueden hacer nada. Mientras se instala el radio-móvil en la casa de Bernal sigue subiendo el río de tal modo que al tomar el camina a San José, la camioneta de la Cooperativa se zambulle en el agua que corta el entoscado y no sale más (el agua le llega hasta las ventanas). Antes de todos esto, Pepe con ayuda de Jorge Abdala y otro chico, tratan de salvar las cosas de «Los Ángeles», van en tractor y rescatan algunas, pero al regresar ya no responde la dirección debido a la fuerte correntada. Se pidió prestado un bote al Cruce y con el de la Estancia, se insiste nuevamente y traen lo que pueden. El televisor (que es ajeno) es lo primero en salvarse. Al no tener luz  en el sector chaletes, se utilizan los tractores y camionetas como luz de emergencia. La Cooperativa La Segunda nos presta faroles a gas que se utilizan en el altillo donde se va acomodando el personal. Hay que dejar el chalet porque el agua siguió subiendo y las bolsas que tapiaban las puertas no sirven de nada. Cuando vuelvo al otro día es impresionante ver todo flotando dentro de los cuartos. Rescatamos las heladeras. Vienen los mieleros a tratar de rescatar alguna colmena pero se las llevó la corriente. Traen una lancha a motor, que partiendo desde la cancha de tenis (a esa altura) sobre el camino que va a «Los Ángeles» recorre las diversas partes para rescatar sus abejas importadas muy valiosas. La noche antes, Ricardito en compañía de otros, cortan alambrados para darle salida a la hacienda que ha quedado acorralada en el tambo. Los caballos no sabemos donde andan y las borregas se han amontonado en una lomita (se las ve desde casa) pero el río con una correntada muy fuerte cruza Los Ángeles hacia el chalet y sale por el boulevard principal volviendo otra vez sobre el boulevard mío. El agua se acerca a  casa, la correntada va en aumento, mientras tanto, la familia Ford rescata lo que puede con nuestro bote del chalet. El agua ha subido hasta el borde amarillo de la pared del chalet, la puerta del cuarto de Stella no se puede cerrar, se atraviesa entonces un elástico de cama para que haga de barrera y no deje salir nada por la puerta ya que la correntada sigue. En el interín queda fuera de servicio la cocina del personal. Se traslada la cocina a gas con garrafa al altillo. Se corta la luz de ese sector, el agua sigue subiendo. Por radio dicen los partes que nos preparemos para otra masa líquida  impresionante que avanza desde Juarez y desde Barker -en todos lados las lecturas pluviométricas no bajan de 490 mm- la Cooperativa Eléctrica, de común acuerdo, corta el suministro a la Estancia desde la carretera, ya que hay que evitar accidentes con las líneas de alta tensión, esto significa que todos los establecimientos del otro lado del río quedan también en la penumbra y sin energía.

Hemos entrado a la estancia de dos modos: con tractor por el entoscado pero con muchas precauciones porque le llega el agua al eje trasero, o sino, se ofreció la zorra del ferrocarril para llegar hasta el casco ya que tienen que ir al puente para informar de los daños: el puente está, pero doscientos metros antes y doscientos metros después las vías están retorcidas y el terraplén ha sido barrido por completo dentro de nuestro campo. Mientras tanto estoy preparando la evacuación de mi casa, ya que el río está pasando al potrero 8 por un lado y rodea por el otro casi hasta la carretera. En cualquier momento me corta el paso, con el agravante que hemos tenido desfiles interminables de curiosos que vienen a ver y debido a la persistente lluvia se está haciendo intransitable el camino. El Taunus ya no sube la cuesta. El señor Abdala me ofrece la llave de su casa ya que él está viviendo en Necochea por unos días. En esos momentos suena el interno por última vez ¡Es Gloria! No podemos creerlo. El teléfono se oye bastante mal, solo alcanzo a decir que estoy desesperado, no sé si me oyeron, pero le digo a Juancito que se largue porque la pasada ya está casi imposible. Se ha hecho tarde, el señor Abdala insiste y me trae su flamante tractor que le ha costado sus buenos años de trabajo y lo deja estacionado a mi disposición en la loma cerca de la casa. Sigue lloviendo. Dormimos poco (un par de horas) como hemos venido haciendo durante los últimos días: sentado mirando el ventanal de casa -cada relámpago nos ilumina la altura del río- no puedo creer que pueda acercarse tanto. Joanie se durmió para hacer guardia más tarde. No quiero despertarla. A la distancia tenemos un punto de referencia, un pequeño promontorio en el potrero 5 rodeado de colmenas que flotan al garete… dormimos un rato, desapareció el punto de referencia. A la mañana siguiente, antes de partir, atamos la máquina de cortar pasto a un poste con una cadena. Y lo mismo hacemos con el Jeep a un árbol, con la manguera de Joanie ya que se nos terminaron las cadenas. Nos llevamos el Renault a la siguiente loma y lo atamos con alambre entre los árboles, al lado del tractor con enfardadora de los hermanos Gutierrez quienes también nos han dado una mano en todo momento. Tapamos puertas y ventanas, no hay que olvidarse de los pozos, registros y rejillas en los baños. La noche antes hemos estado hasta las 4 de la madrugada llenando bolsas con tierra. Pepe nos ayuda a empacar, no me decido qué llevar, quiere que salve mi equipo electrónico. Por último lo subimos al altillo, espero que no llegue el agua a casa!… He rezado como nunca, además he llorado como cuando tenía siete años: especialmente en los momentos que recordaba la ayuda que me habían prestado todos tan desinteresadamente. Me da rabia que no podamos solucionar el problema. Joanie está en todo, el día antes me hizo cargar dos mil quinientos litros de combustible en el acopladito nuevo (por las dudas).  En el interín le dije a Bernal que rescatara el acomplado grande con gas oil y lo deje frente a su casa porque se está inundando. También sacamos los tractores del galpón. Todo está estacionado frente a la casa de Bernal que es un lugar bastante alto. Me olvidaba decir que la noche antes, luego de la despedida de Abdala, le pedí que se llevara los palos de golf de Joanie, que es su tesoro más preciado. Volviendo al relato: partimos en caravana a la mañana, los Abdala se llevan el tractor con el combustible, Joanie en el Taunus y yo en la camioneta. Hemos dejado nuestra casa, nuestro pasado, nuestras pertenencias más atesoradas, nuestros recuerdos y nuestras ilusiones. Vuelvo a llorar solo. Joanie quiere matar la perra, no tenemos donde ponerla y no la podemos dejar suelta. Yo, por las dudas ando armado, ya que el pillaje nunca falta en las emergencias. Con respecto al sistema de comunicaciones nuestro único modo es el radio-móvil que tiene Bernal, que se comunica con la Cooperativa y ésta a su vez nos llama al Cruce, donde me instalo la mayor parte del día por lo que puedan necesitar en la Estancia. Aprovechamos la línea telefónica a Juan N. Fernández que está cortada y por lo tanto la usamos del Cruce a La Dulce.


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One Response to Se cumplieron 40 años de la inundación del ´80.

  1. Hilda Barrientos dice:

    Que recuerdos por Dios !!! Por entonces era una maestrita rural recién titularizada. No se podía rechazar la seguridad para el futuro. La escuela se encontraba como pérdida en la nada, un camino lateral antes de llegar a Claraz . Teníamos q recorrer tantos km cuando el Puente Blanco se cayó ! Cuando le colgaron una escalera para aprovechar esa ruta, con mucho miedo no había otra q bajarla o subirla. Cuantas penurias!!! 40 años ya!! Parece mentira…

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