«La mente no es un recipiente a llenar sino un fuego a encender»

11 de Septiembre. Día del Maestro

Hoy, 11 de Septiembre, recordamos a Domingo Faustino Sarmiento y ese recuerdo generalmente está enfocado a su labor como docente. Esa era su vocación y la ejercía en todos los ámbitos de su vida y lo llevó a que,  siendo Presidente de la Nación, impulsara la creación de ochocientas escuelas, lo que generó un aumento de la población de escolar de treinta mil a cien mil alumnos.

Este dato no es menor. Fue un gran presidente preocupado por mejorar la calidad de vida de los argentinos y de todos los habitantes del mundo que quieran habitar el suelo argentino, entendiendo que la educación abría puertas a mejores condiciones.

La educación ha pasado por diferentes etapas y diferentes modelos. Ha ido evolucionando, o no, de acuerdo a las circunstancias y momentos históricos que transcurren.  Plutarco  (50-120) historiador, biógrafo y filósofo moralista griego escribió «La mente no es un recipiente a llenar sino un fuego a encender».

Siglos más tarde, el artista español Francisco de Goya realizaba una pintura titulada «La letra con sangre entra», criticando de esta manera el sistema educativo de su época en su país. Muchos años mas tarde, en el nuestro, se continuaba con esa metodología, inflingiendo castigos corporales a los alumnos para «educarlos», quedando muy lejos la frase de Plutarco antes mencionada.

Más contemporáneo, en la película de Pink Floyd «The Wall», veíamos con horror cómo el protagonista se sentía oprimido por la educación, entrando junto con miles de alumnos en una picadora de carne y salía de allí una masa homogénea.

Hoy no hay castigos físicos y tampoco, afortunadamente, habría lugar para que vuelvan a ocurrir. Pero tampoco  en el sistema en general, está estipulado buscar encender una llama, sino más bien, seguir metiendo a todos en la picadora de carne, enseñando a todos de la misma manera, utilizando un solo método, cuando bien sabemos que no todos aprendemos de la misma manera. Se insiste con un modelo que está caduco y se descartan ideas tan simples que fueron vistas hace miles de años atrás, encender una llama. Hacer que cada alumno encuentre lo que lo motiva. Que descubra su pasión y estimularlo para que haga de ello su camino en la vida. Eso se logra observando y escuchando. Dejando un poco de lado la tecnología y volviendo al diálogo, pero al diálogo bien practicado. Donde las dos partes están dispuestas a escuchar y a aceptar al otro. Y dispuestos a cambiar. Nada fácil, pero tampoco imposible.

«La mente no es un recipiente a llenar, sino un fuego a encender». Feliz día a todos los maestros  que a pesar del sistema, encienden llamas.

 

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